22 de agosto de 2006

Benito Juárez me pone cachondo

En 3o de primaria tuve el primer examen en mi vida para el que no estudiaba y según yo, me iban a matar en mi casa. Ya sabía que habría un segundo examen de historia en menos de 3 días hábiles. No entendía por qué, pero sabía que lo habría y desde que nos dieron el primer aviso tomé la decisión consciente de que no querría recordarlo en el futuro. Ese no era yo. Yo era un buen muchacho. Comencé a imaginar neuróticamente las posibles repercusiones de reprobar un examen parcial de historia durante el importantísimo 3º de primaria. Me imaginé barbudo y cochino como caricatura, pidiendo limosna en una estación de tren en el 2035, acariciando a Claudio, mi perro tiñoso al que le faltan dos piernas, un ojo y por algún motivo, medio riñón… Esa mañana nublada en mi escuelita fresa de provincia (quienes estén familiarizados con el concepto, sabrán de qué hablo) aún permanece en el Top 10 de momentos que me gustaría olvidar si me lesionara severamente la cabeza - justo después del episodio del hámster en el microondas del que ya hablaré cuando considere prudente, pero en resumen:

“Son órdenes de la SEP” – dijo despreocupada, mecánicamente nuestra miss de español, al darse cuenta de que la respuesta a la primera pregunta dictada fue un sonoro bufido de frustración, cortesía de todo el salón de clases menos tres niñas y yo. Las tres niñas porque sí habían estudiado y yo porque estaba demasiado ocupado teniendo una Crisis de Identidad Mi Alegría.

Por cierto, algo que no sabe mucha gente es lo que sucede el día anterior a la graduación de una generación en la Normal Superior: 24 horas antes de entregarle a una egresada el diploma que la acredita como maestra de primaria y por lo tanto, responsable del futuro de nuestra nación, se le hace llegar a su casa un cofre de nogal con incrustaciones de jade y una llave dorada (claro que la caja azul pastel de Mexpost en la que llega suele romper el encanto, pero nadie pide mensajeros privados en estos tiempos de crisis).

El misterioso cofre normalmente es recibido con gran solemnidad y nerviosismo por la futura maestra, ya que si bien su existencia es relativamente secreta para la perrada, es sabido en el rubro académico que algo extraño y muy importante se reparte en las vísperas de la noche de graduación, algo que supuestamente contiene la solución a todos los problemas que pudiera tener una maestra de primaria en activo.

Al abrir el cofre, la próxima egresada se encuentra únicamente con un sobre amarillo que tiene su primer nombre grabado en el anverso (el sobre puede ser azul en Tamaulipas y blanco en Michoacán, pero lo del primer nombre es norma federal). Dentro de este sobre hay una nota en papel muy fino que reza con una impecable caligrafía:

Y sí, parecía ser que cada que a la escuela se le ocurría hacer una babosada caprichosa y sin sentido como poner dos exámenes de historia en la misma semana, siempre terminábamos escuchando el discurso de que no se podía hacer nada para solucionar el problema porque “son órdenes de la SEP” y como era de esperarse, las maestras se habían vuelto adictas a La Respuesta del Cofre Sagrado (que después sería usado como alajero por la mayoría) y darían la lapidaria respuesta a la menor provocación. Ya para quinto de primaria uno comenzaba a preguntarse por qué la SEP estaba tan obstinada en referirse a nimiedades tan específicas como “Si Jorgito vuelve a rayar el forro de su cuaderno de geografía, se quedará sin recreo toda la semana… órdenes de la SEP”.

Es por ese tipo de cosas que la Secretaría de Educación Pública se convirtió para todos los niños mexicanos, tanto de escuelas privadas como federales (¡ajmpiojososhmm!), en un objeto de culto a ser venerado, temido y respetado; un concepto inexplicable, inalcanzable, incontenible y para los más aplicados, incoloro, inodoro, insípido e invertebrado.

Gracias a la SEP y sus caprichos, yo me levanté triste cada mañana durante seis años por tener que ir a la escuela a soportar los berrinches de mujeres que a sus treinta o cuarenta y tantos años, sabían menos del mundo de lo que yo ya sabría a mis 16 gracias a la magia del Microsoft Internet Explorer y la Conozca Más.

Lo cierto es que la primaria fue para la mayoría una etapa indeseable y totalmente innecesaria, al menos en el sentido académico. Aclaro: Yo estoy hablando de todo ese asunto de aprender, no de lo bonito que me la pasaba poniendo tortugas ninja de 350 Nuevos Pesos en el camino de la podadora sólo para ver si lograba que mi mamá dijera groserías y otros pasatiempos infantiles como fingir que era fan de los Caballeros del Zodiaco para ser popular entre mis obtusos compañeros o jugar Zelda en Supernintendo hasta que comenzara a arderme la nariz por la continua exposición a la radiación televisiva.

Por supuesto, este desprecio profundo de los niños hacia su sistema educativo es más que comprensible en nuestro mundo, el tercer mundo, en el que todavía se practica la idolatría irracional a aburridérrimos símbolos como el escudo y el himno nacional o el pasadísimo de moda Legado de Nuestros Héroes.

Señores, si había alguna duda al respecto, déjenme aclarar que El Legado de Nuestros Héroes (el legado completo, no sólo la bandera) es PURA MIERDA.

Éstas son algunas de las máximas que aprendimos en la primaria:

Un enorme grupo de señores (y como dos señoras) murieron trágica pero heroicamente hace cien mil millones de años durante la Independencia y mil años después en la Revolución.

• Dado que esos señores lucharon por “nuestra” libertad, tenemos que respetarlos incondicionalmente. No importa que sus ideales hayan sido violados durante cientos de miles de trillones de años por los mismos personajes que nos obligan a memorizarlos. No importa que el concepto de “luchar por nuestros principios” se haya descalificado por completo en este país gracias a ciertos estudiantes revoltosos que no mencionaremos... No. Lo importante es comprar muchísimas planillas monográficas y aprenderse de memoria dónde nació Benito Juárez, dónde creció, con quién se casó, dónde se casó y además poder recitar de memoria su mesa de regalos.

• No basta con respetar a Nuestros Héroes y conocer sus chismes personales, sino que además tenemos que hacer rituales alrededor de su leyenda. Esto es, por ejemplo, pararnos cada lunes en la mañana a venerar su recuerdo y hacer un juramento a su legado cual monjes de la Edad Media que pasaban su tiempo libre acomodándose latigazos frente a la imagen de Jesucristo.

Ok, Ok. Estuvo mamón. Ha sido una temporada lenta, ¿saben?

Señores de la SEP, contrario a lo que creían, después del siglo XX no retrocede la cuenta… ¡Para nada! Pasamos al XXI. Es en serio: Bienvenidos al futuuuuroooo… ¡pendejos!

Tenemos la tecnología, tenemos el conocimiento. Ya sabemos que el centro de la tierra no es el infierno y que no se cura a un enfermo agitando ramitas y dándole de tomar sangre de chivo. ¿Por qué entonces siguen desinformando a nuestros niños con rituales de veneración a los muertos? ¿Qué clase de selva subsahariana creen que es México como para que sigamos cantando y marchando ante una imagen como si al no hacerlo nos viéramos amenazados por una terrible plaga que acabaría con nuestra reserva de jabalíes? ¡Nooo!

¡HAY QUE CRECER, MUCHACHOS!

Aunque pase doce horas al día jurándole fidelidad a mi bandera o cante a todo pulmón el himno nacional antes de un partido no estaré protegido de las verdaderas trampas del mundo en el que vivo… Para eso está la verdadera educación, para eso está la ciencia (ya saben, ciencia, eso que debimos estar aprendiendo mientras exponíamos nuestro collage en cartulina sobre los Niños Héroes). Jurarle fidelidad al lábaro patrio no es más que esoterismo, les digo… ¡Pasamos nuestra infancia hablándole a un pedazote de tela tricolor y nadie hizo nada para evitarlo!

Eso sí: de religión ni se hable, no lo permita la virgen. Si algo nos enseñó Juárez es que hablar de Dios en las escuelas es cosa del diablo y por eso está pero prohibidísimo ahora. Gracias al cielo que a alguien en la SEP se le ocurrió que en vez de venerar a Diosito... ¡hay que venerar a Benito!

Ahhh, nada como el histórico círculo vicioso del poder para recordarte que tal vez estás viviendo en una nación de cavernícolas.

Retomando…

El otro gran problema con nuestro sistema educativo es que la información con la que crecimos y en la que confiábamos estaba sesgada, en el mejor de los casos. Lamento decirles que todos los datos recibidos la primaria (y para el caso, secundaria y preparatoria) son completamente inservibles ya que son sólo una parte conveniente y nada amenazadora del complejo espectro que es el VERDADERO CONOCIMIENTO.

Vamos a poner un simple ejemplo: La vida, el universo y todo lo demás.

¿Alguien sabe lo que es el Big Crunch?

¡Siiii!

¡No pendejos! Yo estoy hablando de ciencia y de cultura y esas cosas del Canal Once que sólo ves cuando te cortan el cable.

Verán, el Big Crunch es el archienemigo del Big Bang… se piensa que después del Big Bang llega un momento en el que el universo deja de expandirse y vuelve a contraerse para eventualmente tener un nuevo Big Bang y así una y otra vez por los siglos de los siglos. ¡Pero eso no me lo enseñaron en la escuela! A pesar de que es tan importante como el Big Bang, yo nunca escuché hablar del Big Crunch durante mi infancia. ¿Qué tiene la SEP contra el Big Crunch?

(Me encanta escribir Big Crunch. Big Crunch… Y si lo digo mientras lo escribo es todavía más divertido. Ustedes creerían que no lo hago, pero sí lo estoy haciendo. Big Crunch.)

Ajm. A parte de eso, nos dijeron que el universo era infinito, cuando en realidad el que el universo sea infinito es sólo una hipótesis y hay quien piensa que no es así… y a menos que mi maestra de 3º de primaria nos haya llevado a la excursión más larga y tediosa de la historia después de la fábrica de cajas, no había modo de que cualquiera de nosotros pudiera comprobarlo. ¿La solución de la SEP? Fácil: “El universo es como nosotros decimos y a quien no le parezca, puede irse a una escuela casera para ser etiquetado como El Niño Rarito de la Cuadra durante el resto de su vida”.

El desenlace de todo esto es que entre docenas de hipótesis bien establecidas que intentan explicar el origen y el funcionamiento del universo (el concepto más complejo y aturdidor imaginable), para los niños de las primarias mexicanas todo se ve reducido a aprenderse de memoria una respuesta de examen como robotitos tarados: “El universo inició en el Big Bang y 13.7 billones de años después, un pastorcito zapoteca llamado Benito Juárez salvó al pueblo mexicano de la idolatría guadalupana”. ¡Fin! Toma tu diploma y welcome to the real world, pequeño bastardo.

QUE NO MAMEN.

El problema con esto es que siempre nos dieron una sola respuesta a todo cuando en realidad hay muchas posibles respuestas para cualquier pregunta en esta vida. Hasta que la gente no se desapendeje y comience a cuestionar las barbaridades que enseñaron en la escuela, seguiremos viviendo entre entumidos bolonios sin opinión que piensan que La Inseguridad es nuestro mayor problema y que Eugenio Derbez hace buena comedia (¡Ajaaá! Estuvieron cuatro cuartillas esperando un chiste sobre algo que saliera en TVNotas. Hasta creen que no los conozco).

Entre los individuos como entre los múltiples universos, la mejor opción es buscar el conocimiento y no conformarte con lo que aprendiste hace años de una maestra mediocre entrenada por burócratas deprimidos.

Por eso, tengo una sola palabra para concluir: ¡Wikipedia! O bueno, ¡Google! O no sé, vayan a la biblioteca un rato o compren un Reader’s Digest o consíganse un hobbie cualquiera, pero por todos los cielos hagan algo interesante porque la SEP, el futbol y Alan Tacher están acabando con nuestro mugrosísimo país. No necesitamos más culturosos (con uno ya tenemos), lo que necesitamos es simplemente gente que esté dispuesta a formular la única pregunta que garantiza la felicidad en este mundo:

Créanme, al hacer esa pregunta cuando se recibe cualquier tipo de información se curan todos los años bajo el yugo de la SEP y todos los Juramentos a la Bandera que nos obligaron a recitar. Esa es la receta definitiva, señores.

¡POR ESO LO QUE NECESITAMOS ES UNA REVOLUCIOOOÓN!
Jua, es broma, por supuesto. Alabado sea el señor.

¡Y vivan sin drogas, mugrosos!