8.9.07

No engañas a nadie

Nunca he podido tolerar a la gente que habla de sí misma en público porque por lo general, todo lo que dicen son puras mentiras domingueras y aburridas. No es como cuando invento estadísticas que "prueban" que el calentamiento global no existe sólo para confundir a los hippies en una fiesta. O como cuando digo que le pego a mi novia o que el padre me tocaba mis partes de niño sólo para hacer enojar a las feminazis y a los jesus-freaks que se acercan a escucharme. No, hablo de mentiras de verdad, de esas que sí tienen la intención de ser creídas.


¡Admiradme, zoquetes!

Algunas de estas mentiras me molestan más que otras. Unas sólo me dan risa y me obligan a girar los ojos y suspirar levemente, como cuando alguna chamaca dice que está gorda sólo para que los demás le digan que no lo está, o cuando alguien dice algo como "cuando yo me muera, no quiero que lloren... quiero que cuenten chistes y celebren mi vida". Si hombre, está bueno. Si en tu funeral la gente realmente se la está pasando bien y está celebrando de corazón, es que algo hiciste muy mal en la vida y qué bueno que no estás ahí para verlo.

Puede que ese tipo de comentarios sean inofensivos así que el verdadero problema son esas otras mentiras con malicia que intentan engrandecer al mentiroso a costa de empequeñecer a los demás.

Está, por ejemplo, el que se cree embajador de Greenpeace y dice cosas como "yo hago mi parte para mejorar el mundo, ojalá los demás hicieran la suya". Patrañas. Los hijos de Bono que creen que no tirar basura en la calle y donar 200 pesos anuales al teletón es "hacer su parte para mejorar al mundo" no se han sentado dos minutos a pensar en todo lo que hacen para, de hecho, joderlo más.

Yo estoy consciente de que hago muchas cosas que pueden dañar a nuestro mundo pero al menos tengo la decencia de aceptarlo en silencio y tratar de mejorarlo en otros aspectos, aspectos en los que sí estoy calificado como mi profesión y no con esfuerzos de caricatura como hacer marchas, usar listones de colores en días especiales o, peor aún, asistir a eventos humanitarios y conciertos a cambio de bienes enlatados.

"¡Vamos a curar el cáncer
bloqueando el periférico!"

Junta todos los kilos de ayuda que quieras pero no me los eches en cara con la intención de ganar simpatía. Los esfuerzos simbólicos son muy buenos siempre y cuando generen esfuerzos reales. Cuando un esfuerzo simbólico sólo genera más esfuerzos simbólicos, es cuando la gente empieza a hacerse pendeja. Quien asiste a una protesta de la Sociedad Protectora de Animales, a una marcha en contra de la delincuencia y se compra una pulserita en contra del maltrato infantil, simplemente pasó el día haciéndote menso y su participación en el asunto fue, en el mejor de los casos, irrelevante.

Soy intelectual, muy inteligente.

También me topo muy seguido con el clásico mamón que dice algo con el efecto de "yo nunca veo televisión, sólo leo libros" como diciendo "yo soy intelectual de izquierda y todos los demás ven puro Paty Chapoy".

En primer lugar, yo no me lo trago. Puedo apostar mi fondo de retiro a que el 95% de la gente que dice que nunca ve tele, en realidad sí la ve pero le duele mucho aceptarlo porque no tiene nada más interesante que decir (estoy viendo hacia ustedes, macondistas de preparatoria).

Di lo que quieras, todos sabemos
en qué piensas realmente.

Y aún si alguien no ve tele realmente, es muy molesto que recurra al pretenciocérrimo "hay que leer más, muchachos" como si los libros fueran la respuesta a todos los problemas del mundo y la tele sólo sirviera para ver famosos en jaque. No todo es blanco o negro. Leer no nos hace inteligentes y ver tele no nos hace estúpidos. Puedo asegurar que el nivel cultural de cualquier documental de canal Once, 22 o 40 es muy superior al de un Código DaVinci (eso sin contar las maravillas que uno encuentra si puede contratar televisión de paga). Todo depende de qué es lo que se vea y qué es lo que se lea; no hay por qué discriminar a un medio inofensivo.

Y por cierto, si uno lee puro Dan Brown, Carlos Cuauhtémoc Sanchez y demás gente que se roba los quesos, no cuenta como leer de verdad y no puede presumir en las fiestas que lee porque la sección de los más vendidos en Sanborns tiene la credibilidad literaria de una TV&Novelas de hace tres meses.

¡Dame simpatía!

Ya bien abajo en la escala de la autoestima, está el peor y el más triste tipo de mentira: la que el propio mentiroso está desesperado por creerse.

Cuando digo que no fumo, mucha gente piensa erróneamente que soy uno de esos locos antitabaco y me pregunta que si me molesta que fumen. Cuando digo que no bebo, mucha gente piensa erróneamente que fui alcohólico y que lo estoy dejando, por lo que cambian el tema. Y cuando digo que no uso drogas... bueno, quien usa drogas no suele pensar mucho de cualquier modo, así que sólo dice incoherencias mientras se le cae la baba y yo me alejo lentamente.

Y aunque la mayoría de la gente responde así, miles de veces me han dicho esa deprimente frase que he aprendido a odiar con el tiempo: "Haces bien, yo quiero dejarlo".

¿Realmente piensan que diciendo "yo quiero dejarlo" se justifica todo lo que hacen?



Todos sabemos que el alcohol, el tabaco y las drogas hacen daño (y la plaga sobre la casa de quien me salga con el cansado discursito aquel de que la marihuana tiene muchos beneficios médicos porque a menos que tengas glaucoma, no me interesa tu opinión) pero por más daño que hagan, no es responsabilidad de nadie recordarle a los demás que deberían cuidar su salud. Es por eso que siempre me ha dado mucha hueva que algunas personas quieran justificarse con los demás como si fueran a darles una plática de primaria sobre las adicciones. No se ustedes, pero hasta el momento y a menos que Scary Spice demuestre lo contrario, yo no soy papá de nadie.

No me importa, en serio. Yo alguna vez fumé, alguna vez tomé y hasta tuve un patético incidente con un pastel de mota del que ni quiero acordarme (lección aprendida: resulta que tarda un rato en hacer efecto, no comer ración triple por desesperado).

Así que no. Sinceramente, en una situación social normal como una fiesta o una comida, no me importa que alguien fume, tome o se drogue mientras no me incluya en su teatro (mis regaños intolerantes sólo los hago por internet, donde es más fácil ignorar a los que no quieren entender razones). Me incomoda cuidar borrachos y definitivamente odio las pláticas de mariguanos, pero fuera de eso, creo que podemos vivir en paz. Lo que verdaderamente me molesta es que alguien me salga con el "yo debería dejarlo" y espere que yo responda con admiración.

Señores, quien de verdad quiere dejar algo tan simple como las drogas blandas, lo deja y ya. Puede que a veces sea difícil, pero definitivamente no es TAN difícil. Sólo hay que tener un buen par de bolas y verdaderas ganas de cambiar las cosas. Me parece vergonzoso que alguien pueda vivir años diciendo "lo voy a dejar, lo voy a dejar, lo voy a dejar" sin hacer nada al respecto. Es como vivir permanentemente alrededor de los 12 propósitos de año nuevo que nunca pasan del 3 de enero.

¿Creen que tienen un problema? Problema el de los heroinómanos que si lo dejan de golpe les explota la cabeza. Problema el de las bulímicas que si comen, les explota el estómago. Problema el de la gente con SIDA, que si tienen sexo, les explotan los genitales. Esa es gente con problemas (reales y científicamente comprobados, lo investigué a fondo) y lo demás son mamaditas.

Amigos, necesitan PERS-PEC-TI-VA. La nicotina NO es tan adictiva como la mayoría de la gente cree (la verdadera dificultad de dejar de fumar viene de la dependencia psicológica y la costumbre), el alcoholismo NO es una enfermedad, es una adicción (eso es debatible pero si eres un vulgar borracho, no eres ninguna víctima así que ni te adornes), y la marihuana NO abre tu mente a nuevas dimensiones, simplemente te hace creer que estar permanentemente relajado y no hacer nada productivo es algo bueno (si nuestros antepasados hubieran pensado así, seguiríamos siendo monos con piedras y palos).



Así, pues, quienes no estén a gusto con su situación, que den el primer paso para cambiarla... y quienes sí estén a gusto, adelante por favor, pero que nos ahorren el "debería dejarlo" porque hace mucho que dejamos de creerles. Y ya de paso, que también nos ahorren los discursos humanitarios, los regaños culturosos y, en general, las verdades maquilladas de gente insegura. La imperfección no tiene nada de malo. Los seres humanos somos asquerosos en general, todos estamos plagados de defectos por lo que no hay por qué renegarlos. Entre más intente uno justificar sus errores, menos probabilidad tiene de poder corregirlos.