5 de julio de 2007

Diez cosas que nos darán pena en el futuro

Durante mi última visita a la bodega donde guardo a mis papás, pasé varias horas recopilando los viejos álbumes fotográficos de antes de que naciera (los estoy juntando para quemarlos porque no quiero rastros de mis mexiraíces cuando me vaya a vivir con mi nueva familia en Suiza... ¡ya pronto estaremos juntos, hermano Ölaf!). Entre tanta típica foto familiar de cajón, encontré la de un primo lejano que a mediados de los setenta presumía a la cámara con orgullo su bigote de Mauricio Garcés, su melena de Cepillín y sus pantalones pegados de John Travolta.

Por las chanclas de Cristo, qué feo estaba. Entre más trataba de comprender la escena, más puntos perdía el pobre. ¿Por qué estaba tan orgulloso de su imagen? El primo estaba realmente convencido de que era la cosa más sexy que había pisado nuestro polvoriento país. Y el problema no es que estuviera realmente feo (después de todo, vengo de una familia con una larga tradición de modelaje en pasarela, pero no me gusta hablar de trabajo), el problema era simplemente que en sus ojos no se notaba la menor sospecha de que algún día se vería ridículo todo lo que traía puesto y todo lo que estaba a su alrededor (porque ese poster de Rafael en el fondo tampoco ayudaba mucho).

Eso me hizo preguntarme cuales son las características de mi generación de las cuales mis hijos, Jimmy y el pequeño Memphis, se burlarán cuando visiten la bodega intergaláctica en la que me guarden. Lo que más me inquieta es que gracias a que todos estamos tan estúpidamente ocupados en fotografiar, videograbar y registrar todo lo que sucede en nuestras miserables vidas, Jimmy y Memphis no sólo verán fotos y se burlarán de nuestras ropas, sino que tendrán acceso a una inmensa galería multimedia que reflejará a la perfección lo patético que es vivir en nuestros tiempos.


10) Los tatuajes


Claro, ahora crees que el tribal en la espalda baja de tu novia se ve sexy. Y seguramente también estás convencido de que esos signos orientales en tu pecho te hacen ver como un hombre profundo e introspectivo. Pero te tengo una noticia, ese signo no dice "Espíritu de fuego" como te hizo creer el tatuador. No señor, ahí dice: "Esto va a parecer una pasa con chocolate cuando tengas 50 años".

Algo me dice que no planeaste muy
bien la estrategia de tu vida.


9) Telehit

En mis tiempos de secundaria, todos jurábamos por MTV y escupíamos en Telehit. Gracias a su naquérrima política de sólo pasar música en español, éste último era "ese canal donde pasan a Alejandra Guzmán" y bien podía ser confundido con Ritmosón.

Pero entonces, en algún punto de mi adolescencia, Telehit decidió que comenzaría a programar música en inglés y pasó de ser "completamente irrelevante" a ser "parcialmente irrelevante". Desgraciadamente, pocos años después comenzó una práctica engañosa que rápidamente adoptaron los demás canales musicales: el concepto de "Canal Interactivo-Social de Opinión Musical Interactivo Supercool para los Chavos Modernos Interactivos con Celular".

Cuando yo era joven, el video musical era un arte,
no un jodido foro de contactos personales.


¿Se acuerdan de cómo hace unos años todos se quejaban de que MTV ya no pasaba videos sino puros programas estúpidos? Pues al menos en esa época podías ver los programas estúpidos esperando a que pasaran algo de música. Ahora a los chamacos no les queda mas que ver barras con recados de amor y fotos de flacuchas sin clase desesperadas por conseguir cibernovio. Imaginen entonces cómo sería Telehit en la época de nuestros hijos. Llegará un punto en el que ya ni tenga programación, simplemente será una barra en scroll rapidísimo pasando recaditos de amor mientras se escucha el tema de Benny Hill en el fondo.

8) Los cibercafés


Ir a un cibercafé es como entrar al baño de una gasolinera: a veces es necesario y no tienes opción, pero siempre estás seguro de que vas a salir con Hepatitis C.
Entre los adolescentes cheleros leyendo sobre Cuauhtémoc Blanco en esmas.com y las arañas escuchando lo último de Alex Ubago en las bocinas comunales de 35 pesos, las visitas de emergencia al cibercafé cuando se acaba la tinta de la impresora se han vuelto más y más desesperantes.

Esto será más bochornoso con el tiempo ya que eventualmente el internet llegará directo a nuestros cerebros y el concepto de "lugar al que vas a alquilar acceso público a la red" será como hoy veríamos el "lugar al que vas a alquilar cotonetes públicos para los oídos". Créanme, he estado en uno. Es desagradable.


7) La Escuelita de Jorge Ortiz de Pinedo

No me van a negar que todos ustedes, nacos sin remedio, fueron felices a principios del milenio cuando volvió a ponerse de moda El Chavo del Ocho. El tema se escuchaba en todas las fiestas, las caras comenzaron a aparecer en todas las camisetas y, lo que es peor, los catchphrases de los personajes regresaron a las calles por lo que los niños de secundaria de todo el país crecieron pensando que la frase "es que me desespeeeeras" era graciosa.

¡Dos generaciones enteras pensando que un show con adultos vestidos como niños califica como comedia! No dejemos que esto suceda una vez más. No los quiero ver en 20 años celebrando con nostalgia a La Escuelita ya que es exactamente lo mismo que El Chavo del Ocho. La diferencia es que en vez de pobres, hay putas y en vez de una vecindad... es una teta. O no se, en realidad nunca lo he visto.

La ventaja que tiene El Chavo es que era una idea nueva mientras que La Escuelita es el fruto de una mañana en la que Jorge Ortiz de Pinedo llegó a las oficinas de Televisa y escupió lo que se le fue ocurriendo frente a un productor.


6) El reguetón

Indeseables amigos reguetoneros, tienen que afrontarlo: pronto llegará el día en que ya no será aceptable parar en el semáforo y obligar a los coches adyacentes a escuchar a todo volumen algo con el efecto de "mueve tu culito mamita rica y apreta'ita que yo llego con mi perreo y te hago BUM! mami BUM! mami BUM!". Parece broma y acabo de inventar esa letra, pero apuesto a mi primogénito a que ya existe una canción muy similar, si no es que exactamente la misma.
¿Se acuerdan de El General? ¿Se acuerdan del "muévelo-muévelo, un kilo de cadera no es cadera"?

¿Pondrían al General para ligar mamis-ricas-y-apretaítas en los semáforos? Claro que no, sería ridículo. ¿Pero saben qué sería más ridículo? ¡Daddy Yankee de su chingada madre!

5) Los pantalones con manchas de cloro

Nada dice "soy una sucia y me gusta el reguetón" mejor que unos apretados pantalones que dan la impresión de que la que los usa suele orinarse en ellos por lo menos dos veces por semana. Por lo menos.

Durante los años que estuvieron de moda, vimos desfilar a una sucia tras otra, cada una con una mancha más grande y en una posición más incómoda que la anterior. Por supuesto, el pop siempre se come a sí mismo, así que muchos respiramos de alivio cuando las manchas blancas fueron aumentando tanto de tamaño que eventualmente se convirtieron simplemente en pantalones blancos.

Puedo predecir con cierta autoridad (la del smartass autocomplaciente en internet) que esa será considerada la peor moda en la historia del universo y de la vida y de la historia. Si crees que las fotos de tus papás en pantalones acampanados y de tus tías con hombreras son ridículas, espera a que tus hijos vean las fotos de tu novia la meona.

4) La publicidad para idiotas

Dejando atrás la vergüenza pública que son los informerciales de la madrugada, no hay nada que insulte más a nuestra inteligencia que los comerciales de TV Azteca.
La prima Vera ha llegado a Elektra y gracias
al Banco Azteca, te dará las mejores ofertas
con el chaz chaz en tu chiquitibum, con un
pim pam pum del zakalaka chum chum chum.


Llegará el momento en que algún niño del futuro subirá a internet una compilación de comerciales de nuestra época y todo México, después de reir a carcajadas, se preguntará: ¿En serio todos eran tan pobres e ignorantes en esa época?

Y entonces yo llegaré y les diré: Si. Todos. Todos y cada uno.

3) Andrés Manuel López Obrador

Es cierto que éste es uno de los que pertenecen a la categoría pero-ese-ya-nos-da-pena-ahorita. Sin embargo, puedo asegurar que la historia dejará a AMLO no como el perdedor berrinchudo que todos conocemos ahora, sino como un auténtico y ridículo loquito de la calle.

Hoy está organizando reuniones y convenciendo a los tres chilangos que aún lo apoyan para que le depositen dinero en su cuenta, pero todos sabemos que eso no durará mucho. Con los años, sus seguidores se irán alejando y su agenda irá cambiando. Calculo que para el 2016 lo veremos sentado frente a un paso peatonal, con un traje café percudido, en silencio, con cara de orgullo y dignidad, mientras su último lacayo reparte flyers hechos a mano entre los transeúntes.
¿Mencioné que Andrés Manuel está sentado en silencio porque está cagando? Así es, ahí caga. Y también ahí duerme. Viva el presidente legítimo.

2) Myspace
Los blogs y Myspace serán, sin duda, los embajadores de nuestra generación en el futuro. Claro, ahora te parece conveniente y divertido subir a internet las fotos de tu fin de semana en la playa, el poema que le escribiste al amor de tu vida y un rant amargado en contra de la nueva pareja de tu ex. Pero que no se te olvide esto: Google se lo está aprendiendo todo y dentro de 10 años, cuando tu jefe decida buscar tu nombre en Internet, desearás haber borrado esa "divertidísima" foto de borrachera cuando tuviste la oportunidad.

En el futuro, la gente verá los registros de los buscadores y pensará: ¿Por qué los idiotas de nuestros padres publicaban su vida privada en un medio plagado de enfermos mentales?

Imagina que tu mamá te cuenta que conoció a tu papá poniendo un desplegado en el periódico con embarazosas fotos personales y recados íntimos. ¿Te parecería tierno? ¡Claro que no! Le dirías: "mamá, eres una loca, aléjate de mi". Y luego le pegarías, ¡BAM! Porque eres una persona horrible. No creas que no te conozco. Deja en paz a tu pobre madre.

1) Los mensajes de celular

Si tuviera que resumir mis tiempos en una frase, definitivamente sería: "Envía CANITAS al 4242 para recibir el último ringtone terrorífico de Carlos Trejo. Precio por mensaje $2,50."

¿Realmente nos hacen falta los SMS? Lo entendía en el 2001 cuando las llamadas de celular todavía costaban lo mismo que hablar a Canadá, pero en estos tiempos es patético que nadie haya aprendido a marcar el maldito número y hablar como la gente grande. ¿Quién es tan miserable como para comunicarse con todos sus amigos por SMS? Para mí, eso dice "me importas lo suficiente como para invertir unos centavos en contactarte, pero no lo suficiente como para pagar una llamada". Si me vas a insultar, hazlo bien y escúpeme en la cara, no te andes a medias enviandome mensajitos en los que ni te tomas la molestia de teclear todas las letras para mí. No señor. Ve a mandarle mensajitos a tu abuela.

¡Y no me hagan empezar con las llamadas perdidas!

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¿Qué crees que te dará pena en el futuro? Apuesto a que es más patético de lo que te imaginas. Nos vemos en el tradicional chat de los comments ;)